Sinéad O'Connor‘Nothing compares to you’ (nada es comparable a ti) es la canción más famosa de la archiconocida artista irlandesa Sinéad O’connor. Y así también, incomparable, fue el concierto de hace dos noches con el que la cantautora deleitó al público madrileño en el escenario de La Puerta del Ángel y donde, obviamente, no pudo faltar un bellísima versión de la balada.

A pesar de la polémica generada en torno a la artista hace unos años por cantar la canción de ‘War’ en el ‘Saturday Night Live’ y que nos emplazaba a luchar contra el verdadero enemigo mediante esa inoportuna ruptura de la foto del papa delante de la cámara y que, dicen, generó su caída en picado, Sinéad, sigue comiéndose el escenario y sirviendo de ejemplo para muchos jóvenes artistas que la siguen y que no la juzgan por su pasado, sino por su excepcional quehacer profesional frente a su público que, sin esfuerzo y sin remedio, conquistó.

La artista, con su virtuosismo en la guitarra y esa voz que, a veces, parece quererse romper, pero que permanece inquebrantable, llenó la Casa de Campo de profundidad, de misticismo, de frases trascendentes que apuntan al corazón y lo atraviesan.

Muchos jóvenes creadores allí reunidos, deseosos de seguir sus pasos artísticos, de llegar a esa gravedad lírica, no dejaban de vitorearla, de llamarla guapa y ella siempre, muy educada, agradecía cada cumplido y secundaba las bromas que, cuando eran en castellano, ni siquiera comprendía.

La verdad es que me he quedado con muchas ganas de entrevistar personalmente a Sinead O’connor para que su ejemplo recale en todas las mentes artísticas de los jóvenes que nos leéis, pero, este mito autocreado no ha concedido ni una sola entrevista, quizás cansada de que los medios de comunicación le pregunten siempre por este incidente antes mencionado y que, de alguna manera, la señala para siempre, como una cicatriz indeleble que marca su persona.

¿Quién no ha dicho o hecho algo alguna vez que, con el pasar del tiempo, ya no se identifica? En fin, el perdón es una lección muy importante.

Pero, de haber podido y tras haber estudiado los textos de algunas de sus canciones, le habría preguntado a esta artista: ‘Something beautiful’ es una declaración de gratitud. ¿A quién o qué da gracias Sinéad O’cconnor?; ‘Feel so different’ es el título de una de tus canciones, ¿cuándo comenzaste a sentirse diferente?; ¿En qué se inspira para componer?; ¿Cuál es el mensaje que más énfasis pone para que le llegue al público?

Y habría continuado indagando en la esencia, en lo más personal de Sinéad, en esclarecer su enjundia: ¿Está todo lo que necesitas dentro de ti?; ¿Cuál es el obstáculo en su vida que más le ha costado trascender?; ¿En qué ha consistido el perfeccionamiento de su arte?; Desde que afirmó que su misión era rescatar a Dios de la religión, ¿cómo ha puesto en práctica esta proeza épica?;Respecto a la espiritualidad, ¿cómo te defines? ¿cuáles son las máximas que respetas? ¿cómo te conectas contigo misma, con Todo-lo-que-es?

Respecto a peculiaridades del concierto, la cantautora irlandesa, vestida de rojo y semejante a una india, se detuvo en ‘Theology’, su último álbum, aunque abrió boca con alguna canción que formará parte de su nuevo disco que, según anunció, verá la luz el próximo enero.

También cantó dos canciones a capella que hicieron vibrar al público y compartió su primorosa maternidad dedicando una composición a cada uno de sus cuatro hijos. Desde luego, como apunta en una de ellas, Sinéad, cuando parte, se siente lejos de casa, pero también es justo que, con ese arte y su peculiar idiosincrasia, comparta con nosotros sus originales mensajes para que nos lleguen y puedan inspirar a cientos de jóvenes artistas repartidos por todos los puntos cardinales del globo. Por cierto, no deja de ser romántico que toque y cante junto a su marido, Steve Cloony, aunque tampoco podemos obviar al gran pianista que les acompañaba.

Para mí, Sinead O’Connor es una mujer valiente, que ha demostrado saber superar obstáculos y aprovecharse del impulso que, muchas veces, las situaciones que parecen negativas ofrecen. Si algo me sobrecogió esa noche es el agradecimiento, realmente sentido, que la cantautora hizo al Espíritu Santo, que siempre la escucha, que siempre está con ella, y la devoción con la que le cantó.

Propició, sin duda, el momento más emotivo de la velada alumbrada por una luna miel que brillaba con inusitado esplendor a la derecha de la catedral madrileña. Me consta que el estremecimiento del público fue generalizado y contagioso y ella, desde su especial espiritualidad, supo hacer santo también aquel momento. Gracias también a ti Sinéad.

No dejó de resultarme curioso una última anécdota: que dedicara una de las canciones de los bises, de Bob Dylan en esta ocasión, al mismísimo Vaticano. ¿Pudo ser ‘I feel a change comin’ on’?