Foto: www.myspace.com/robbiekjones

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El joven artista Robbie K. Jones se define a sí mismo como un ‘farandulero en serie’ y lo que pretende es contagiar al mundo de su esencia. Le he visto en la sala ‘Sol’ al cajón con ‘Track Dogs’ y de maestro de ceremonias con ‘La Banda del Soplo’ y doy fe del gran arte de este chico, sus enormes posibilidades y el enigma que le envuelve metido en estos dos papeles. Con ‘Track Dogs’ está recorriendo todas las provincias españolas. Si tienes la oportunidad de verle a él y a su grupo en directo, no te los pierdas. Su originalidad te envuelve, te transporta, embriaga y te alegra.

¿Cuándo comienzas en el mundo de la música? ¿Podrías explicarnos tu trayectoria artística desde el principio hasta el momento actual?

Empiezo con clases de piano a los siete años. A los diez elijo la percusión sobre el trombón como instrumento para tocar en la banda del colegio. Sigo con percusión y en el coro hasta llegar a cantar una misa de Mozart en ‘Carnegie Hall’, Nueva York, y a presidente de la banda ‘Rey de los frikis’ en el instituto. Tenía el apodo ‘Monkey’ por flaco, hiperactivo y tener el pelo muy corto o lo mismo por tener cara de mono directamente (ríe).

Cuando empecé a estudiar Biología, un amigo me introdujo en la percusión africana y, después de tres años, dejé la ciencia por la música. Al acabar la carrera mi primer trabajo fue con una compañía en un teatro en Cleveland. De allí, siempre me ha atraído la combinación de teatro y música, aunque no los musicales. Más tarde otro amigo, Nathan, me hizo interesarme por el flamenco. También descubrimos al grupo ‘Radio Tarifa‘. Después conocí a Nick Haughton y empecé a tocar música irlandesa y entré en grupos de folk como ‘Finis Terrae’ y ‘Balbarda’. Por el camino grabo ‘ska’ con ‘The Peeping Toms’ y voy a Nueva York a grabar con ‘Jones Street Station’ y aprendo del mundo de ‘bluegrass’. Fui el  primero que metí el cajón en este mundillo, tocando en ‘jams’ y conciertos con los más grandes del folk norteamericano.
Cuando volví a España nos juntamos los cuatro chicos para tocar con ‘Garrett Wall’.

Luego empiezo a tocar Rock’n’Roll con ‘Los Blue Jeans’; ‘Gipsy Jazz’ con Baxtoló Drom; folk americano con ‘Barcelona Blugrass Band’ y la música especial de ‘La Banda del Soplo’. Por cierto, voy veinte horas a la semana a la escuela ‘Amor de Dios’ con Cristobal Reyes, Candela, Eli ‘La Truco’, El Talegón y Alejandro Granados.

¿Qué don o dones crees que son esenciales para que un batería o percusionista interprete a la perfección su papel dentro de una banda?

Justo lo que me falta a mi: un gran rechazo al protagonismo. Por eso he empezado a estudiar el banjo y cantar ‘bluegrass’, el folk de los EEUU. La verdad es que muchos instrumentos de la percusión tienen técnicas muy sencillas o limitadas, pero el gran desafío de la percusión es dominar todas y tener lenguaje de todos los géneros musicales. En inglés, entre los ‘jazzeros’, se dice que uno que logre esto, “tiene los oídos grandes” (He’s got big ears).

Eres de Vermilion, Ohio. ¿Por qué eliges España para desarrollar tu carrera profesional?

Todos tienen uno o dos profesores que les dejan huella. A mí me marcaron el profesor de castellano y los de música. Luego entre países hispanohablantes, me tocó ‘Radio Tarifa’ y el flamenco y por eso recalé en Madrid.

Ya teníais un público fiel con ‘Garrett Wall Band’, grupo en el que eres batería, percusionista, pero hace poco decidís cambiar el nombre del grupo por ‘Track Dogs’. Se te ocurre a ti. ¿Nos explicas lo que significa?

‘Track Dogs’ es el apodo que se aplica a los equipos de mantenimiento de las vías en los túneles del metro en Nueva York. Estos trabajan como mineros con sus liternas y herramientas mientras siguen circulando los trenes. En este sentido, tienen que ser un conjunto con papeles muy bien definidos, incluso aquel que hace sonar el silbato para avisar que un tren se acerca.

Pero, además, el nombre tiene juegos de palabras propicios a nuestro labor. ‘Track’ puede entenderse como vía, pero también como pista: de grabación, carrera o como una canción en un disco (‘track number two’). El nombre también nos da juego para seguir con el ejemplo de ‘The Beatles’ que introdujeron la palabra ‘beat’ (latido) en el nombre de su grupo cuando supuestamente habría quedado como ‘b-e-e-t-l-e-s’.

¿En qué sentido los ‘Track Dogs’ os desmarcáis de los cauces convencionales?

Pues, por ejemplo, porque hemos tardado tres discos y casi cinco años en encontrar un nombre para nuestro proyecto. También porque hemos apostado por el cajón como instrumento principal, no como el ‘primo pobre de la batería’, y con él hemos grabado tres álbumes. Además, en nuestro grupo la trompeta ocupa el lugar tradicionalmente reservado para la guitarra eléctrica.

Por otro lado, funcionamos como un grupo ‘indie’, administrativamente, pero ofendemos a las sensibilidades de los ‘gafapastas’ por no mirarnos el ombligo todo el rato y por no solo emplear letras autoimportantes o depresivas. En realidad, todos nosotros estamos de acuerdo en que se puede sentir emociones fuertes con un sonido alegre y ofrecer música contundente con pensamiento profundo sin basar el repertorio en baladas. Un buen ejemplo de esto lo encontramos comparando las letras de Bob Marley con su sonido.

La letra te hace pensar, pero la música te permite sentirte feliz. La alegría puede ser tan profunda como la tristeza. Otro ejemplo de esto es la canción ‘Born in the USA’ de Springsteen. Parece simplemente rock cañero y nacionalista a primera vista, pero la letra reclama la inocencia perdida de una nación entera. Nuestra canción ‘Move a Mountain’ suena ‘light’ (ligera) y popera, sin embargo la letra es una llamada para que las personas tomen las riendas de sus vida y no se queden de brazos cruzados.

En ‘Garret Wall Band’ todos los componentes aportáis vuestra enjundia y, según confesáis, “creáis un sonido específico”. ¿Cuál es el tuyo?

El mío es encargarme del papel de la batería convencional, pero con el cajón.

El reto del grupo es tocar en las 50 provincias y las dos ciudades autónomas de España a lo largo de un año. ¿De qué modo os está enriqueciendo esta experiencia?

Tablas, tablas y tablas: sobre el escenario y en el ámbito logístico. El propio Machado se alegraría de que estamos haciendo “el camino al andar…y al reposar”: hemos descubierto lo que son las pozas termales; en Arnedillo (La Rioja) y Orense hemos aprovechado las termas también y, además, mientras viajamos, estamos recopilando una lista de términos coloquiales para los estados de embriaguez.

Uno entra en tu ‘myspace’ y encuentra varios temas deliciosos. ‘All because of you’, ¿por quién hace todo Robbie K. Jones?

Parece ser un banco llamado ‘Sally Mae’, que me tiene endeudado desde la universidad y para varios años más.

‘All of the above’ es un tema trepidante que pone alma y cuerpo a bailar sin remedio. ¿Qué mensaje lanzáis con esta canción?

La letra habla del papel que tiene la música en la vida: es una cosa o es otra y, en realidad, es todas ellas. De este tema me siento especialmente orgulloso porque lo grabamos juntos en una sola toma.

‘Force Majeure’ (Fuerza mayor). ¿Qué hay de Robbie en este tema, de su esencia?

Este es un tema que hemos utilizado mucho para empezar conciertos, como hacemos ahora con la canción ‘Blindspo’, del nuevo disco. Permite pasar del caos de la calle a la energía enfocada de un concierto.

¿Algún tema propio?

Acabo de colgar en mi página recientemente ‘Raise Your Head’. Es mi primera composición completada y va dedicado a Susie Jones. También es mi primera grabación con el banjo que ella y mi familia me regalaron en 2009, mi primer instrumento de cuerda.

¿Qué se propone un joven artista como tú cuando compone una canción?

Desde contar o hacer testamento hasta darle competencia al compositor principal del grupo (risas).

Además de ser un integrante de ‘Track Dogs’ eres el percusionista de ‘La Banda del Soplo’ (‘BDS’). ¿Qué experiencia te aporta la participación en cada uno de estos grupos tan diferentes?

Cada uno me da una salida creativa diferente y los dos implican responsibilidad artística. Me encanta romper la cuarta pared del escenario, cosa que hago con ‘La Banda del Soplo’ como maestro de ceremonias. También la ‘BDS’ me exige tocar estilos que antes no me atrevía probar con la batería.
Por su parte, ‘Track Dogs’ me permite enfocarme en mi instrumento principal: el cajón.
Últimamente se me exige cantar, cosa que me pone a los nervios. Me encanta la idea, pero en la hora de la verdad, me da bastante miedo, especialmente con cascos en un estudio. Pero cada vez me siento mejor en este papel.

‘La banda del Soplo’ recuerda a Goran Brekovich, a música cíngara, balcánica. Es un lujo escucharos en concierto y todos los componentes sois jóvenes artistas. ¿Cuáles son las aspiraciones de este grupo?

Dominación mundial. Cada uno de la ‘BDS’ trabaja en varios proyectos, para el bien y la frustración de la ‘BDS’. Yo lo veo viajando por festivales de ‘World Music’ y espero más colaboraciones como se ha hecho entre ‘Track Dogs’ y la BDS, tanto en directo como en ‘More To Say About That’, un tema conjunto que sale en el último álbum de ‘Track Dogs’. Nos veo metiendo música en un circo, teatro o cine.

¿Qué sientes cuando te subes a un escenario e interpretas tu música?

Cuando me siento bien, me salva de las inclemencias de la vida y por ello siento la necesidad de pagar el diezmo al público por darme cuartelillo y, sin duda, lo pago sin esfuerzo, encantado.
Cuando me siento mal, por el mal sonido, la falta de público o se trata de un concierto que lo das sólo por dinero, se siente como si estuvieras pagando todavía los plazos de ordenador portátil que te robaron hace un año. Afortunadamente, con el tiempo, aprendes a evitar esas sensaciones con más facilidad.