Foto: Matías Rossi

Foto: Matías Rossi

La joven artista Mariona Moncunill es la segunda participante del ciclo de exposiciones ‘Composición de Lugar‘. Su intervención, que se inaugura hoy 8 de septiembre en la biblioteca del Espai Cultural Caja Madrid de Barcelona, consiste en una donación de libros con una temática muy específica. Una propuesta que se llama ‘Especialización de la Biblioteca‘ y en la que lleva al extremo los límites de su trabajo.

Al revisar tu obra da la sensación de que propones un trabajo más enfocado hacia la reflexión que a la contemplación. ¿Estás de acuerdo?

Yo diría que gran parte de nuestra generación, por lo menos aquí en Barcelona y esto seguramente viene de una tradición muy larga, nos movemos hacia este lado; el de la crítica, la reflexión o el pensamiento… más que hacia la contemplación.

En mi caso pasa por la necesidad de entender bien dónde me muevo, de diseccionar un poquito dónde estoy, de entender bien cuáles son los parámetros, la lógica, las reglas del juego y jugar con estas, replantearlas, modificarlas y pensar en ellas.

Y con estos juegos, muchas veces consigues difuminar los límites de tu trabajo…

De hecho para mi esto es una de las partes más importantes; porque mi obra, en muchos casos, es bastante invisible, intenta ser bastante sutil, muchas veces pasa desapercibida, para bien y para mal. Es muy importante esta línea difusa, en dónde se sitúa exactamente. Normalmente me preocupa mucho mantener bien el equilibrio.

También parece que muchos de tus proyectos giran sobre sí mismos…

Sí, es verdad. Muchos de los proyectos que he hecho hasta ahora vuelven siempre al mundo del arte, al espacio expositivo, a las bases de la convocatoria… Un poco por lo que decía antes, es lo que tengo seguro. De hecho, este es en el terreno que me siento mas cómoda.

Por otra parte sí que es verdad que poco a poco intento ir huyendo de esto. No al 100% ya que me sigue interesando, pero sí que intento no hacer tanto hincapié en el mundo del arte en sí, sino como es en este caso, cogiendo una biblioteca en vez de una sala de exposiciones. Una pequeña dislocación de lo que hago habitualmente. 
 
De todas formas trabajar en una biblioteca fue una posibilidad muy concreta…

Es posible. La ventaja en este caso es que la propuesta era muy abierta, huía del formato expositivo clásico. En la primera vista que hicimos al centro con esta mirada de buscar dónde podíamos intervenir, ya intuía que había varios espacios en donde podían suceder cosas.

¿Cómo fue el proceso que te llevo hasta la idea de “Especialización de la biblioteca”?

Fue muy importante la propuesta de Manuel Segade (Comisario del ciclo) en la que nos pedía que comunicásemos mucho, que comentáramos lo que teníamos en mente. Esto en mi caso ha ido muy bien. Ha sido un proceso muy agradable y muy productivo. Al principio fuimos comentando entre todos las posibilidades de varios de los espacios y en mi caso la biblioteca enseguida me entusiasmó ya que me pareció que visibilizaba cierta estructura interna, ciertos procedimientos que normalmente pasan desapercibidos, pero en este caso se me hacían más visibles.

En el texto de la exposición, Manuel Segade escribió que “la obra de arte deviene un acto significativo pero discreto que, precisamente por su estricta adaptación al contexto, se convierte en un poderoso instrumento de interpretación” ¿Te sientes identificada con esta definición?

Al leer esta frase me gustó porque a veces me cuesta expresar esto. El tipo de obra que hago muchas veces se considera crítica institucional y esta expresión yo creo que es correcta en gran parte pero a veces se entiende como un choque contra la institución y en mi caso a mi lo que me interesa es actuar con ella, que sea mi cómplice, que pueda acoger mi proyecto, que me permita entrar, dejar mi semilla dentro y retirarme si hacer mucho ruido.