Foto: Katia Guerreiro

Foto: Katia Guerreiro

Entregarse por entero a una vocación tiene sus complicaciones. Uno escoge. Y ha de dejar cosas por el camino. No es fácil. Nadie dijo que lo fuera. Pero ¿imaginan tener dos vocaciones y atender a ambas? Es posible, aunque el equilibrio que exige es espartano. Kattia Guerreiro (Sudáfrica, 1977) es médico y fadista. A partes iguales.

No está dispuesta a renunciar a ninguno de sus oficios. Con uno cura cuerpos; con el otro, almas. Llega a España para presentar un doble disco con el que celebrar sus diez años sobre el escenario. Ella misma nos lo cuenta.

En estos diez años, ¿qué ha sido lo mejor que te ha ocurrido en el plano profesional?

Es muy difícil elegir algo, algún momento. Fueron diez años muy intensos, llenos de cosas maravillosas que sucedieron. Lo más importante son los diez años en sí, con todas las sorpresas y regalos que la vida me ha ofrecido. No me esperaba poder disfrutar de una carrera artística, y la música me ha deparado algo muy importante, conciertos por todo el mundo, países que me han impresionado, públicos que se han entregado sin reservas…

Lo mejor de la música ¿siempre es el público?

Es conmovedor actuar ante un público frío, ajeno al carácter latino de los portugueses o españoles, y ver que, poco a poco, canción a canción, se emocionan. Sí, supongo que eso es lo mejor de la música. Emocionarte y emocionar.

Por eso decidí celebrar los diez años, porque cada concierto es especial y porque he llegado a la conclusión de que, cuanto más verdadera soy sobre el escenario, más emocionante se torna la música, el poder de transmitir. Porque no es solo el placer de hacer música, sino un modo de canalizar un sentimiento.

¿Dónde reside la fuerza del fado?

Como otros géneros, el fado te permite vivir las propias emociones de una manera diferente a cómo lo haces todos los días. Toda vida tiene un momento vital para encontrarse con el fado, un encuentro íntimo y profundo con lo que nosotros somos, nuestras emociones, nuestra intimidad, no importa lo que nos pase, la alegría o el dolor, hay un antes y un después cuando uno abraza al fado.

Se agradece que los portugueses sigan renovando el fado en un momento en el que los artistas de cada país –o muchos de ellos- renuncian a su folclore para recalar o apostar por un sonido tremendamente uniforme. Lo fácil siempre es apostar por lo comercial… aunque disiento en que el fado sea folclore. El folclore son canciones que salen de un pueblo que trabaja, surgen del trabajo en el campo. El fado es música urbana, como el flamenco, que nace de las emociones más profundas de un pueblo.

¿Al fado le sienta mejor la voz de mujer o de hombre?

Creo que las mujeres tienen mucho más empatía que los hombres, aunque hay voces masculinas que cantan fados de manera maravillosa, pero el fado requiere una sensibilidad más próxima a la mujer.

Por cierto, se echa en falta un dúo, en este disco celebración, con Dulce Pontes, una de sus grandes referencias…

Es alguien muy importante para mí. Canto dos canciones suyas, una que grabó hace años y otra que me compuso especialmente para mi. Sin embargo, por problemas de agenda no hemos podido coincidir. ¡La próxima vez, sin falta!

Como licenciada en Medicina, ¿crees que el fado cura el alma?

Sin duda. Como médico curo el cuerpo, con el fado el alma. Mucha gente encuentra en el fado el refugio de sus dolores, un reducto de intimidad, cuando conoce el fado uno se reconcilia con su propia vida, cuando se encuentra con este género puede curarse uno de muchos males. Hay mucha gente que me ha dicho que, después de escuchar fados, su vida cambió. Yo misma me curé con el fado, me conocí mucho mejor, comprendí mis emociones y las emociones de los otros.

Del CD1 llama la atención la letra de ‘Vodka e Valium’, de Lobo Antunes, y del CD2, pese a que María Bathania es una de las grandes, me quedo con el corte 6, ‘Voz do Vento’. ¿Tienes alguna canción fetiche?

Ha sido dificilísimo escoger estas canciones, pensé mucho en los temas que quería incluir pero también en el público, lo que le gustaría más al público. Si me tuviera que quedar con una sería ‘Amor de Mel amor de fel’. Empecé a cantar fados por este tema, y siempre termino mis conciertos con esta canción.

¿Te imaginas haciendo un dúo con grupos portugueses más modernos como ‘The gift’?

¿Por qué no? No es difícil de hacer…

¿Con qué cantante español te hubiera gustado compartir escenario?

Con Luz Casal. Lo íbamos a hacer, pero coincidió con su enfermedad. Es una cuenta pendiente. Me gustaría grabar con Teresa Berganza,  amiga mía a la que adoro… ¡Y con Julio Iglesias sería magnífico! Ah, con Plácido Domingo, coincidí con él en un hotel en Berlín y empezó a cantar para mi. Fue maravilloso.

Aparte de fado, ¿qué encontraría en tu discoteca?

Muchísimas cosas, muy variadas, música clásica, ópera, Luz Casal, blues, algo de jazz…Van Morrison Ray Charles, Ottis Reding, Aretha Franklin, Ella Fitzgerald, Diana Krall, Supertramp, Rolling Stone… lo que sea bueno me interesa.

¿Abandonarías la Medicina por la música?

No, si lo hiciera me faltaría la mitad de mi. La mitad de mi inspiración. De mi vida. El esfuerzo es doble, pero merece la pena.

¿Qué te ofrece la Medicina que no te da la música?

Me ajusta los pies en la tierra.