Acompañado solamente de su guitarra, Javier Cuenca, con tal solo 20 añitos, se decide a compartir su música, su alma y sus composiciones en emisoras de radio y televisión, y diversos locales madrileños. Sin apenas apoyo promocional consigue tocar la fibra íntima de cantautores de la talla de Ismael Serrano y Antonio de Pinto, que no dudan en subirse con él en los escenarios y vibrar en tándem con su arte. Tres lustros de trabajo y un compromiso inquebrantable con mantener su propio estilo dan como resultado su último álbum ‘Puro vicio’, carnalidad en estado puro de la que, naturalmente, emana poesía.
Inicias tu carrera musical con ‘La ciudad de las palomas’ (Salamandra Discos), ¿qué tiene de positivo y negativo comenzar sin apenas respaldo comercial alguno?
La falta de respaldo comercial ha sido una constante en mi carrera musical. De hecho, ese disco lo grabé con la ayuda económica y el tesón de mi familia, así como la colaboración de otras personas que me apoyaron desinteresadamente o rebajaron sus cachés para facilitarme que pudiera llevar adelante el proyecto.
Una vez grabado el primer disco, la discográfica se limitó a ponerlo en las tiendas, de manera más bien tímida, y a prestarle una escasa atención promocional. Supongo que lo positivo de la falta de respaldo comercial es que uno puede hacer lo que quiere sin que nadie le diga cómo o cuándo, y lo negativo es que sin promoción es difícil acceder al gran público y tu trabajo apenas se conoce. Sería interesante conjugar las dos fórmulas: dejar al artista ser creativo y apoyarle si su trabajo es bueno.
Sin límites ni prejuicios, de la canción de autor al pop, rock, funky y el soul. Tú mejor que nadie para describir el giro musical que da tu carrera desde tu primer álbum hasta el cuarto. ¿Podrías explicarnos en qué ha consistido esta evolución?
Ha pasado por el aprendizaje a través de las diferentes músicas que he ido escuchando y me han ido influyendo. Si uno se pone a analizar mis discos, se da cuenta de que hay una gran variedad de sonidos y estilos, desde el flamenco al blues, la bossa nova o la música africana. Lo que sucede es que posiblemente mi vena de cantautor se imponía sobre todo lo demás y llegó un momento en que decidí centrarme en el rock como leitmotiv para, a partir de ahí, construir canciones más directas, más pegadas a la realidad y donde la música tuviera un papel preponderante. De esa intención surge ‘Puro vicio’, con el que, de alguna forma, rompo con lo anterior e inicio una nueva andadura, en la que intento que el músico predomine sobre el cantautor sin renunciar al cuidado de las letras, una manía que supongo me viene de mi afición por escribir.
Las letras de ‘Puro vicio’, tu cuarto trabajo, no tienen desperdicio (escuchad ‘Corre’ en el vídeo adjunto más abajo). Si “la miel es dulce y embriaga”, ¿qué toma Javier Cuenca para quitarse la sed?
Lo mejor para quitarse la sed es beber de lo auténtico. Lo que vengo a decir con esa frase es que conviene tener los pies en el suelo y no renunciar a uno mismo por conquistar el poder, algo que desgraciadamente está a la orden del día. Las bonitas promesas a cambio de sacrificar tu personalidad pueden ser turbadoras y endulzarte el alma durante un rato, pero no conseguirán quitarte la sed, eso seguro. Supongo que puede ser romántico y hasta idealista pensar así, pero qué le vamos a hacer.
¿Qué zapatos hay que utilizar para que nadie decida nuestro propio futuro? ¿Eres tú siempre quién decides?
Lo mejor son unas buenas botas de montar, como las que llevan los vaqueros del oeste. He tenido la suerte de decidir sobre todo lo que he hecho, equivocado o no, y el futuro ya vendrá por sí solo, pero lo que tengo claro es que no dejaré que nadie lo decida por mí.


¿Qué hay de puro vicio en Javier Cuenca? ¿Por qué el vicio del placer es tan saludable?
Puro vicio es lo que tengo yo por seguir haciendo canciones y grabando discos tal y como está el panorama. En cuanto a lo del placer, darlo y recibirlo es una de las grandes cualidades que posee el ser humano. Sería magnífico que entendiéramos eso y nos diéramos a él sin tantas reservas ni contenciones. La canción que da título a este disco habla precisamente de eso: de una relación basada únicamente en el gozo de entregar y obtener placer sin plantearse nada más.
Además de denuncia y reflexiones, tus letras rezuman poesía. ¿Cómo armonizas ese arte purificador con la carnalidad del puro vicio?
En la carnalidad hay mucha poesía, así que supongo que ésta sale por sí sola, sin necesidad de forzarlo.
¿Has desaprovechado alguna vez tu pericia con alguien que no entendiera la libertad? ¿En qué momentos se vuelve la libertad imprescindible?
Jamás. Sé de lo que hablo y por ello invito a no hacerlo. La libertad es un estado imprescindible siempre, un derecho implícito a la persona que nunca debería vulnerarse en nombre de nada ni de nadie.
Es obvio que te desmarcas, con seña de identidad propia, de lo convencional, de lo ya trillado. ¿Qué tipo de determinación hay que tener para elaborar un estilo propio y huir de lo puramente comercial?
Resulta difícil conseguirlo porque en la música está ya todo inventado. Pero creo que la clave es utilizar los recursos a tu alcance para labrar un estilo propio atendiendo en, primer lugar, a tu propio gusto personal. Se trata de expresar las cosas con otro lenguaje, no con el que se pretende imponer como válido desde los pedestales de la industria discográfica.
¿Qué rescata a Javier Cuenca del tedio y quién lo inspira?
Una buena conversación, una copa de buen vino, a ser posible ancha, una canción sin trampa, una película interesante, un libro de los grandes… Me inspira sobre todo la propia vida, la real y la imaginada, una emoción, un atisbo de algo, un anhelo… En definitiva, todo lo que es susceptible de convertirse en una canción.
Siempre he pensado que dar conciertos en directo es una experiencia cuasi mística. ¿Qué se siente cuando uno interpreta su alma subido en un escenario?
Es algo muy difícil de explicar con palabras. Es una sensación muy potente, quizá comparable al acto de hacer una canción y que salga como tú quieres. El directo es donde el artista comprueba la reacción del público desnudándose ante él y dándole lo mejor de sí mismo. Si tienes la suerte de que a la gente le guste lo que haces, la experiencia es perfecta. Ahí sí que no hay trampa ni cartón, todo es auténtico.
¿Cómo es “la gran coctelera de la realidad” de Javier Cuenca?
Una parte de deseo, otra de ternura y sobre todo vicio, puro vicio.
¿De qué hay que ir tomando conciencia?
De nosotros mismos.
¿Cuáles son los tus “sueños pendientes”?
Hay unos cuantos que no se han hecho realidad. Pero si nos atuviéramos exclusivamente a la música, me gustaría tener la oportunidad de que la gente escuchara mis canciones y pudiera disponer de la opción a decidir si le gustan, algo que hasta ahora no se me ha permitido.
Un sueño pendiente de Javier Cuenca que tú puedes hacer realidad. Si alguien quiere comprobar su calidad artística y desentrañar los sustanciales mensajes de este joven creador, que se desmarca de los cauces convencionales, puedes hacerte con ‘Puro vicio’ y sus anteriores trabajos poniéndose en contacto directo con nuestro joven artista através de su correo electrónico y comentarle, de primera mano, si te gustan sus temas. Le encantará saber tu opinión.



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