Fotografía: Javier Nadales

Fotografía: Javier Nadales

A la hora y en el lugar acordado. Labios rojos, pelo suelto y un libro en la mano. Me echa un vistazo rápido y, al ver que me aproximo hace un movimiento con las cejas como diciendo “¿Eres tú verdad?”, respondo a su mirada y entramos en el café.

Se acomoda, pone las manos sobre las rodillas y pide un té rojo. La luz tenue de las bombillas del local hace que destaquen sus ojos entre el marco de su pelo castaño. Emily Roberts da la impresión de ser inocente, reflexiva. Quizás demasiado para su edad, ¿pero hay alguna edad para ser reflexivo? ¿Acaso hay edad para ser pasional o para ser pausado? Mira la grabadora, la vuelve a mirar, da un sorbo de té y por fin me dedica la primera mirada completa.

El nombre la señorita Roberts es sólo un pseudónimo. Pero no es un álter ego, no son personalidades diametralmente opuestas . Emily sólo dibuja la  línea que separa la vida de la chica de Ávila que va todas las mañanas a la facultad, de la joven escritora que en primavera dará a luz su primera novela.

Una taza de té

Su romance con la literatura empezó de manera muy temprana, a los tres años aprendió a leer. Y lo hizo porque le molestaba no saber lo que decían esas dichosas letras. Su madre fue la encargada de que un año después ya lo estuviera haciendo. Y no lo ha abandonado desde entonces. Casi una decena de premios dan fe de su dedicación, pero seguiría escribiendo sin éstos porque, según ella,  forma parte de su naturaleza.

Esta joven creadora conoce muy bien el valor de las palabras, por eso reflexiona cada respuesta, la paladea y se escucha a si misma. Emily quiere escribir y lo hace bien. Ya sea cara a cara o a través de un papel, sabe transmitir. Le gusta la poesía pero confiesa que la narrativa es su hábitat natural. Es el momento de preguntar por ‘Lila’, la novela que saldrá en primavera bajo su firma. Me habla del argumento con una sonrisa que no intenta evitar. El protagonista es Roger, un ingeniero recién instalado en Nueva York que recuerda su amor de la adolescencia. “Y no se puede desvelar más, se rompe la intriga”, cuenta.

Su obra sabe a promesa presente, a sinceridad. A pluma con los pies en la tierra y corazón que late, pero sobre todo a ganas de escribir. Lejos de vivir de ello lo que quiere es “disfrutar el camino”, confiesa entre bromas. Prefiere dejarse llevar por la obra.

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Escribir es una forma de abrirse, pero las obras no son siempre autobiográficas, confiesa. Si usted lector, visita Cold Mornings, Winter Breeze, puede creer que conoce a Emily Roberts. O no. Las palabras pueden ser una experiencia que trasciende la piel, que bailan tan cerca que llevas su olor pegado a la ropa durante toda la semana. Otras veces son sólo reflexiones de treinta segundos, que duran más en la lengua que en el alma. Lo que es cierto es que hay días en los que La insoportable levedad del ser responde a miles de preguntas que no te habías hecho, otras veces sólo es la muerte de un perro.

Es difícil reconocer alguna de las caras que nos rodean, todos los asientos del café han tenido más de un huésped. Se ha hecho de noche hablando de la literatura, de su novela y de locuras planificadas. Hace tiempo que la entrevista ha terminado, pero ninguno de los dos da una tregua. Acordamos un segundo asalto: la presentación de su primera novela, ’Lila’, en primavera. Hasta que la fecha llega, conviene visitar Cold Mornings, Winter Breeze. Antes de un miércoles de ceniza, siempre hay un martes de fuego.