
Foto: Web de Lang Lang
A sus 26 años, este joven artista de modos entusiastas pero contenidos, tímido, pero con delicados modales (educado es lo que significa su apellido; brillante y luminoso, su nombre) ha conquistado a medio mundo. No es exageración, aunque pudiera parecerlo.
Lang Lang (Shenyang, 1982), es el último niño prodigio que China ha colocado al frente de un piano (tal vez producto de la probabilidad: cuarenta millones de niños chinos estudian este instrumento). Ha compartido escenario con los mejores intérpretes en los auditorios más exquisitos.
Siente devoción por el argentino Barenboim y al evocarle cita un proverbio: ‘cuando el alumno está listo, siempre llega el maestro’. Sus palabras hacia el director resplandecen por lo contundentes: ‘es un auténtico amigo y un apoyo incansable’.
Lang Lang estuvo en España para presentar su gira con la Orquesta Nacional en enero después de actuar en Valencia, Zaragoza y Barcelona. Pero no fue lo único que vino a ofrecer. También trajo bajo el brazo un disco en el que, acompañado por Vadim Repin al violín y Mischa Maisky en el cello, interpreta obras de Tchaikovsky y Rachmaninov, del sello Deutsche Grammophon.
Y por si fuera poco, su autobiografía: ‘Lan Lang. Un viaje de miles de kilómetros‘ (Alba). Vayamos por partes. El mismo nos evoca:
“Siempre me ha interesado la música española, así que esta oportunidad de tocar con la Orquesta Nacional resulta muy excitante para mí. Uno de mis propósitos es poder grabar un disco con algunas de las Goyescas de Granados, me parecen interpretaciones maravillosas. Tuve la suerte de ver en directo a Alicia de la Rocha, una gran pianista, cuya reciente pérdida lamentamos todos, y estuve hablando con ella en el camerino sobre esto. Ella me dio muchos consejos interesantes.”
No sonarán esta vez las Goyescas, pero sí algunas suites de Iberia, junto a partituras de Beethoven y Prokófiev. Comenzó a tomar lecciones de piano con tres años. Su padre, que es policía, fue inflexible en este punto.
“Mi generación tiene en común que somos hijos únicos, por imposición del Gobierno, así que sobre cada uno de nosotros nuestros padres han volcado todos sus sueños. Mi padre quiso convertirme en pianista y fue muy estricto. Ahora se lo agradezco.”
El disco, que encierra un delicado repertorio de música de cámara, tiene recovecos en los que el virtuosismo alcanza cotas que conmueven. Quien lo escuche las encontrará, sin duda, pero atención especial al ‘lento lúgubre’. El nos lo explica:
“La música de cámara te coloca en tu lugar; hay momentos en los que eres el protagonista, otros en los que te tienes que quedar en un segundo plano y otros en los que tienes que compenetrarte con el resto de instrumentos, igual que sucede en la vida.”
Claro que, por muy genio que uno sea, 26 años resultan escasos para escribir una autobiografía. Él es consciente:
“No es una cuestión de vanidad. Me animé a escribir el libro porque quería reflexionar acerca del papel de la música clásica entre la gente de mi edad; hay hechos que me resultan paradójicos. Por ejemplo, que en Occidente, cuna de este tipo de música, el pop, el rock o el hip hop hayan no sólo triunfado sobre la clásica sino que la han enterrado. Esto no ocurre en China. De hecho, el 90 por ciento de los asistentes a los conciertos que doy en mi país son menores de veinte años. A mis clases magistrales hay familias que duermen en la calle para asegurarse una entrada”.
Pero en todos los sitios cuecen habas. El joven relata:
“Me he encontrado con chinos que me comentan: ‘Me he enterado de que has grabado con Deutche Grammophon, la misma discográfica que tiene contratado a Mozart. Sin embargo, me encanta la idea de que haya personas que piensen que Mozart está vivo.”
Así que él en su autobiografía desbroza su parca –temporalmente hablando- vida, a la par que razona acerca de la importancia de la música como instrumento integrador, capaz de derribar desigualdades. Por algo es embajador de buena voluntad de UNICEF.
“Creo en el poder de la música. Creo que ella acerca a las personas y es capaz de hacer comprender muchas cosas. Siempre se habla de la necesidad de dar una educación a los niños más desfavorecidos, pero tan importante como la educación es el darles la oportunidad de que conozcan la música y de que aprendan a tocar algún instrumento, eso les alimenta el alma”.
Desea para cada niño -así dice sentirse, como un niño en muchos aspectos- lo que para él resulta imprescindible:
“Mi historia es la música: la música clásica, la música china, la música que escucho en mi cabeza”.
Y eso que su profesora de piano dijo que no era lo suyo…


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