Hoy precisamente, hace 17 años que nació un joven artista. Se llama Álvaro Rodríguez y sueña con ser una estrella del rock. El arte lo lleva en la sangre. Su padre, Miguel Ángel, es un reputado luthier, de lo más castizo, que pone todo su arte en personalizar guitarras de numerosos y afamados artistas españoles como Javier Ruibal.
Y de casta le viene al galgo. Este adolescente, inspirado por el padre, comienza desde muy pequeño a dar clases de guitarra de la mano del gran maestro Enrique Vargas, pero el niño, con personalidad propia, cambia pronto la música clásica por la guitarra eléctrica y se empeña en perfeccionar su virtuosismo en este género y disfrutar del estilo de música que más le gusta, el metalcore. “Yo tenía mi propio objetivo; tocar rock”, confiesa.
“Siempre he te sentido unas ganas enormes de tocar la guitarra eléctrica, pero mi padre se empeñó en que comenzara con la acústica. En principio no estuve muy de acuerdo, pero hoy tengo que reconocer gracias a ello he cogido muchas tablas. Me gusta tocar las canciones que me llenan. Cuando toco lo que hago es evadirme, pienso en otra cosa o en lo que tengo que tocar, en que me salga bien, y si la pieza la tengo dominada simplemente disfruto al máximo de ella”.
Si algo tiene claro esta joven promesa es que el autodidactismo para tocar su instrumento no sirve y que el solfeo, los estudios y los arpegios aprendidos en sus primeros años de intérprete le han dado la base para tocar la guitarra de verdad.
“Esta base es la que me permite que pueda irme superando poco a poco y plantearme retos más difíciles”, sostiene.
Pero como todo buen artista, Álvaro tiene que ensayar. Entre semana dedica a la música como mínimo hora y media y los fines de semana se reune con su grupo en una sala de ensayos insonorizada cuyo coste reparten a escote los miembros. ¿Qué si tiene un grupo? Pues claro. Álvaro está decidido a llegar lejos y nos habla sobre él:
“En realidad tengo dos. Uno es el grupo principal, ya que tocamos a un nivel más profesional. Se llama ‘Blackover’ y lo fundamos el batería, José, y yo (guitarra solista) después de estudiar nuestra visión de lo que sería el grupo perfecto. Buscamos más integrantes y nos resultó bastante difícil porque a esta edad encontrar personas entregadas y que sepan hacer música es complicado. Pero dimos con un guitarra rítmica y un bajista, que, por cierto, son hermanos”.
“Por un lío de faldas, el bajista ha abandonado el grupo y estamos buscando bajistas o guitarras. Así que, si alguien está interesado pueden escribirme a osurac@hotmail.es). El otro grupo está formado por amigos de clase y nos hemos reunido para dar un festival de fin de curso, por puro disfrute”.

Así que si algún joven artista, bajista o guitarra rítmica, está interesado en pertenecer a ‘Blackover’, que no dude en contactar con Álvaro Rodríguez u Osurac (de Caruso), el alias que le gusta utilizar a esta joven promesa del rock.
Y es que cuando su profesor Enrique Vargas, decía que su brillante alumno tenía madera de artista, no se equivocaba, pero lo que no sabía era hasta donde llegaban sus expectativas.
“Nunca supe si creer a mi maestro, pero ahora que puedo autocriticarme, dejando a un lado la modestia, no voy nada mal en esto de la música. Lo que sí quiero que quede claro es que tanto José, el batería, como yo somos muy ambiciosos y ambos tenemos muchas ganas de llegar lejos”.
Aunque este joven talento tiene varias composiciones tanto de letras como instrumentales, reconoce que aún tiene que pulirse más, aprender, pero que cree que, con empeño, podrá llegar a realizar temas decentes que hagan vibrar a su soñado auditorio.
De momento, ya tiene lugares pactados donde ‘Blackover’ hará estragos entre los amantes del metalcore. Aunque por ahora, como las estrellas de rock que empiezan, sus honorarios serán las consumiciones que realicen el día del concierto. Pero todo se andará. Os iremos informando.
Lo que Álvaro tiene claro es que para él:
“Estar en un grupo significa pertenecer a algo grande con futuro. Como integrante me siento un pilar que sostiene a los demás al igual que ellos me sostienen a mí. Si uno falla, el grupo acaba perjudicado. Mi deseo es grabar nuestra primera maqueta de composiciones y que le guste a la gente. Con que la gente me dijera simplemente que le gusta lo que hacemos, ya me sentiría feliz”.
Álvaro aún no tiene un repertorio propio, pero está lleno de ideas y de entusiasmo. Es indudable, a tan temprana edad, que ya tiene madera de artista y qué gusto da, por otra parte, encontrarse jóvenes artistas de su edad, deseosos de comerse el mundo.
Porque Álvaro no sólo toca la guitarra como los ángeles, sino que además pinta y, en esta disciplina, incluso ha ganado varios premios. Tiempo al tiempo, estoy segura de que veremos la cara de Álvaro Rodríguez, alias Osurac, en la portada de algún disco diseñado por sí mismo. ¡Buena suerte artista! ¡Y muchísimas felicidades!


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