
Foto: Alberto Labad
Alberto Labad es creativo publicitario, pero su verdadera pasión es la creación artística. Acuarela, acrílico y mucha imaginación para una mente en ebullición y un talento que nos ha llevado a querer conocer un poco más de su obra. Forma parte del grupo “Jóvenes artistas y creadores” de Facebook, y en su caso no sabemos si es más artista que creador o viceversa.
¿Desde cuándo tienes vena artística? ¿Siempre has dibujado?
Desde muy pequeño. Me recuerdo a mi mismo copiando dibujos de los Picapiedra o de Disney cuando era un crío y más tarde haciendo monigotes y caricaturas en los márgenes de los libros del cole. Sencillamente no podía evitar hacer garabatos en todas partes.
¿Qué técnicas te gustan más?

Foto: Alberto Labad
Me siento más cómodo con la acuarela y con el acrílico. La acuarela es poesía, es más delicada y necesita cariño, no puedes abalanzarte sobre ella así como así, tienes que ir poco a poco y saber detenerte en el momento adecuado. Saber parar es lo más difícil…
El acrílico es más explosivo. Puedes corregir, jugar con las texturas… Ahora mismo estoy disfrutando mucho con él. Me permite aventurarme en formatos más grandes.
¿De dónde sacas las ideas?
Ah amiga, las ideas! La idea es una de las cosas que considero más importantes, herencia de mi profesión de publicitario, supongo. No se de dónde salen, la verdad. Me fijo en cosas curiosas que luego evolucionan en mi cabeza hasta que surge una imagen. Soy muy disciplinado con la inspiración, la verdad. Como no dispongo de mucho tiempo para pintar, cuando me pongo frente a un lienzo no puedo pararme a esperar a las musas, de modo que siempre tengo una libretilla o un archivo de ideas en la recámara para trabajar.
¿Te han encargado obra o por el momento pintas y se vende?
Empecé vendiendo un cuadro aquí, otro cuadro allá y poco a poco sí ha surgido gente que me pedía que les pintara un cuadro, pero no un cuadro concreto, sino algo que yo pensara para ellos. Me encanta hacer cuadros para alguien en particular, pero exijo libertad total. Aunque suene a chulito, prefiero no vender el cuadro a tener que pelearme con una idea que no me seduce. Aunque puedo adaptarme a lo que creo que le va a gustar a esa persona, mi primer cliente siempre soy yo.
Por lo que leo, no te identificas con un estilo etiquetado…
No tengo nada en contra de las etiquetas, pero la verdad es que no conozco ninguna que se adapte a lo que hago yo. Habría que buscar varias, además, porque tengo varios registros y cambio mucho. De lo que hacía hace un par de años a lo que estoy haciendo ahora hay mucha distancia. Antes me importaba el dibujo fino y detallista, pero ahora estoy tratando de desprenderme de los detalles para concentrarme en el color y en la expresividad. Una etiqueta que sí me define es “inquieto”.
¿Tu manejo con los ordenadores te ha llevado a mezclar pintura manual con trabajo de Mac?
Cuando he tenido que ilustrar alguna publicación sí que he llamado al señor Macintosh para limpiar y para rematar el dibujo. Pero prefiero que en esto el ordenador intervenga lo menos posible.
Pero relacionado con lo que preguntabas antes de las ideas, el ordenador también aparece a la hora de planificar los cuadros. Primero viene la idea, y luego, antes de los pinceles, me hago una composición-boceto con fotos de aquí y de allá, en plan collage, de lo que quiero que sea el cuadro. En el proceso de pintura siempre empiezo haciendo caso del boceto y siempre termino ignorándolo por completo.
¿Has expuesto?
En esta última etapa en Tomelloso (Ciudad Real) y en A Coruña, por circunstancias. Tengo muchas ganas de exponer en Madrid, para que los que me conocen no tengan que hacer kilómetros y kilómetros para ver una exposición mía. A ver si para final de año.
¿De qué te inspiras más, de cosas, situaciones o personas?
Siempre personas y, si es posible, en situaciones especiales. Me gustan los cuadros que me sugieren preguntas, imágenes de historias inacabadas, que tienen que resolverse en la cabeza del espectador: “¿Porqué está volando sobre una ciudad?” “Qué le ha pasado a este señor con chistera para que tenga que cruzar por el agua con los zapatos en la mano?”, “¿Que se están diciendo estos a la oreja?”
Y si no hay una idea potente sí necesito que la imagen tenga fuerza. Personajes curiosos o sacados de contexto. Ahora me interesa mucho el baile y el movimiento. No me interesa reflejar la realidad tal cual. Pintar un bodegón de un frutero no me dice nada, o un paisaje, a no ser que sean un frutero o un paisaje en el que introduzcamos algo insólito o lo pintemos de manera que nadie más pueda pintarlo así.
¿A qué te gustaría llegar en esto del arte?
Si me pongo a soñar en voz alta… me gustaría vivir de esto y además vivir bien, claro. Pero también me gustaría que me toque la lotería y que haya paz en el mundo. En fin eso es soñar. Siendo más realistas ya consideraría un logro no dejar nunca de pintar y sería muy bonito haber conseguido que mi trabajo como pintor merezca la admiración del público.
Triunfar, hacerme famoso, escribir mi nombre en los libros de la historia… es una fantasía como cualquier otra.
Siendo creativo publicitario, utilizas alguno de tus dibujos para tus campañas?
Casi nunca, la verdad. Alguna vez hay que usar el lápiz pero más bien es para plantear un Story Board o hacer un boceto y poco más. El publicista le ha dado más al pintor de lo que el pintor le ha dado al publicista, a efectos prácticos. Qué duda cabe que uno tiene la cabeza un criterio plástico que se acaba reflejando en la publicidad, en la pintura, en la fotografía… en todo, pero dibujos míos en publicidad he usado muy poquitos.
Dices que eres autodidacta, pero cómo has sido capaz de dibujar así sin aprender en ningún sitio? De dónde sacabas las nociones básicas?
Pues copiando. Copiando, leyendo cómics, viendo películas de dibujos animados y visitando museos. A ver, no es cierto que sea totalmente autodidacta. De joven tomé alguna clase de dibujo suelta y, sobre todo, tenía un tío pintor que me enseñó alguna cosilla y sobre todo me contagió la pasión por esto. Pero no fueron enseñanzas ni estudios ordenados y no puede decirse que yo tenga “formación” como dibujante o como pintor. Sobre todo he aprendido mucho queriendo ser Moebius, Enki Bilal, Carlos Jiménez, Van Gogh, Toulouse Lautrec, Munch…
Buenos amigos míos también dibujan o pintan y claro, algo queda. Charlando con otros artistas también se aprende, en parte por eso me uní a “Jóvenes Artistas y Creadores” de facebook. Eso es todo, supongo.


Ibón Casas: “Aunque tengas discapacidad hay una utilidad para ti, sólo hay que saber buscarla”





En mi salón tengo una obra de Alberto Labad: expresiva, estimulante y muy fuerte. En ella podrás leer “Doy gracias por los huracanes”. Alberto tiene una profundidad como persona que le permite plasmar conceptos e ideas complejas en sus lienzos, dejándonos un espacio propio de creación. Es un arte que nos incluye y nos resuena, auténtica y sin pretenciones. Saludos,
Carla C.