El martes 13 de octubre, en el auditorio del Espai Cultural Caja Madrid de Barcelona, se realizó la primera de la serie de conferencias tituladas “Iconos, maestros de la fotografía en imágenes”. Este ciclo, organizado entre el Espai Cultural Caja Madrid y la Fundación Foto Colectania, pretende hacer un recorrido por la historia de la fotografía a través de siete de las figuras más representativas de este arte.
En esta primera sesión, el escritor mexicano Juan Villoro, presentó el trabajo del llamado “fotógrafo de lo mexicano”, Manuel Álvarez Bravo. Aprovechando su visita, hemos tenido esta breve conversación:

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¿Que cree que hay en común entre su trabajo como escritor y el de un fotógrafo?
Cuando yo escribo una historia casi siempre parto de una imagen que equivale a una fotografía. Se me presenta una situación extraña e inquietante en donde los personajes están ahí reunidos y yo lo que me pregunto es porque llegaron ahí y hacia donde van ir. Para mi, cada cuento es una fotografía por desarrollarse, ahí se condensa un misterio que pide ser aclarado. En ese sentido vería yo un correlato, un estimulo reciproco entre la imagen y la literatura.
Y puntualmente ¿encuentra alguna similitud entre su trabajo y el de Manuel Álvarez Bravo?
Manuel Álvarez Bravo es sumamente interesante para los artistas mexicanos en general porque logra una síntesis perfecta entre lo que sería la mirada autóctona y la mirada cosmopolita. Es un artista profundamente mexicano y al mismo tiempo universal. El misterio de su mirada es poder individualizar lo que parece irrepetible, incluso folclórico y convertirlo en un espacio simbólico, en algo que va a perdurar como obra de arte.
Álvarez Bravo tenía mucho interés por la literatura…
Sin duda y los títulos de sus fotografías son muy elocuentes. Por ejemplo hay uno que se llama “Las lavanderas sobreentendidas” porque vemos las sabanas que lavaron unas mujeres, pero no a ellas. Mucho de sus títulos son muy literarios y muchos de ellos son enigmáticos, obligan a ver la foto de otra manera.
¿Recuerda la primera vez que tomó contacto con alguna de sus fotografías?
Para los mexicanos estas imágenes corresponden ya al inconciente colectivo. Es muy interesante porque muchas veces no sabemos cuando los vimos por primera vez. Siempre han estado entre nosotros, forman parte ya de una iconografía con la que nos identificamos plenamente.
Pero al mismo tiempo esa iconografía, como bien comentaba, también puede ser apreciada por no mexicanos…
Él descubre una mirada muy personal pero siempre tendiendo puentes hacia los otros, siempre tomando en cuenta la mirada que podría tener un intruso, alguien que se deslumbra y se sorprende con lo que ve. Creo que una de las cosas más difíciles para un artista es descubrir la novedad de lo diario. Para un escritor, describir la calle donde vive que da por sentada, que conoce perfectamente, encontrar allí una novedad y un asombro es muy difícil. Lo mismo pasa con la fotografía de Álvarez Bravo.


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Para un artista, el reto es encontrar la novedad en lo cotidiano. Gran frase.
Lo de la imagen generadora siempre se lo he oído y leído a Marsé. El otro día lo decía Landero a propósito de su última novela.