Fotografías: Sergio Parra

Fotografías: Sergio Parra

Un artista de la luz es sin duda Sergio Parra. La busca, la encuentra, la perfila, la esculpe y, tras muchos disparos, aparece en la fotografía de una forma pura, radiante, expresando justo aquello que este joven artista intentaba rescatar e inmortalizar de las personas que se trasforman en personajes. Este fotógrafo lleva inmerso en un proyecto ingente y personal titulado ‘Camerinos‘ y que consiste en introducirse precisamente en este espacio tan personal de los artistas que retrata justo antes de salir a escena. Consigue su propósito, vaya si lo consigue, convirtiendo la luz en arte.

¿Cuándo comprendió que tenía madera de artista disparando una cámara? ¿Qué le cautivó de este arte, de este oficio?

Pues lo comprendí cuando me pasaba las horas metido en un improvisado laboratorio que monté en el baño de casa de mis padres (¡qué paciencia tuvieron!) y cada vez me emocionaba más con los descubrimientos que hacía. Comencé con el analógico de modo que el proceso de obtención de la imagen era muuuuuy largo, pero yo estaba encantado, sentado en el suelo a oscuras pasando el papel de un líquido a otro, horas y horas.

Además me motivaron mucho los concursos, me presentaba a todos los que veía. Agradezco el apoyo que me prestó mi entorno para desarrollar mi pasión. Yo iba para trabajo de despacho, era lo lógico en mi educación.

Silvia Abascal maquillandose

¿Es la fotografía aquello que mejor hace y con lo que pierde la noción del tiempo? ¿El disfrute que siente al fotografiar lo convierte en un don, en una profesión o ambos?

Hace unos años sí. Ahora me doy cuenta de que hay mucho más en la vida. No sé qué es lo que mejor hago, lo que tengo claro es que voy descubriendo cosas nuevas que me encanta hacer y quiero disfrutarlas todas.

Necesité hacer mi camino hasta dedicarme a la fotografía, me matriculé en medicina, después me apasionó la psicología y estudié la carrera. Al terminarla me decidí a trabajar en fotografía, no conocía a nadie que lo hiciera y tampoco tenía nada claro que se pudiera vivir de ella.

Todo este tiempo era necesario para mi. Cada uno hace un recorrido y con el tiempo te das cuenta de su riqueza. Los conocimientos técnicos pueden ser parecidos para cada profesional, es la experiencia vital la que nos distingue y la que cada uno puede aportar a su trabajo.

¿Al arte de fotografiar es también su misión personal? Es decir, ¿ha sido capaz de poner al servicio de los demás y beneficiarles de algún modo con su arte?

Pues la verdad es que no. Mucho más terrenal, busco disfrutar.

¿Qué características suelen tener las imágenes que más le gustan?

Son retratos. Me admira la capacidad de mostrar la dignidad del ser humano, incluso aquellos cuyas circunstancias son demoledoras. Me impresionó mucho el trabajo de Avedon de la gente corriente en “American West”, la mirada de los vagabundos, tratados con tanto cariño.

¿Qué cualidades necesita un joven fotógrafo para ser bueno en este arte?

La psicología. Respetar el motivo a fotografiar.

Ralph Fiennes, caracterizándose para salir a escena

Desde 1999 lleva fotografiando artistas justo antes de salir a escena. ¿Cuáles son las lecciones más importantes que ha aprendido de los artistas que ha fotografiado y para su propio trabajo en los camerinos?

A tratar de tú a tú a todo el mundo. A creer en mi mismo. El día que logré fotografiar a Ralph Fiennes (se resistía y lo pelee varios días) me di cuenta de que podía hacer lo que me propusiera.

También he descubierto que el trabajo es trabajo, que no somos lo que hacemos. Dejar la máscara en el camerino cuando terminas porque sino resulta y resultas agotador. El ego es un arma de doble filo, necesario en un principio para creer en uno mismo y pelear los proyectos personales pero es el primer paso. A partir de ahí lo sano es desdramatizar y darse cuenta de que somos mucho más que una profesión o un proyecto porque sino… ¡estamos apañaos!

En su opinión, ¿qué artista destella con luz propia de todos los rostros destacados en su página web www.camerinos.es? ¿Por qué?

Nuria Espert… Su silencio durante el proceso de maquillaje de La Celestina. Un ritual en el que se transformaba en un halcón de presa. Ha sido la única persona que no me ha hablado durante las fotos.

Nuria Espert caracterizándose para 'La Celestina'

¿Alguna situación curiosa a lo largo de tantos camerinos?

A los cinco minutos de fotografiar a Montserrat Caballé me dio las gracias y me dijo que necesitaba quedarse sola, que estaba muy nerviosa. ¡Muy nerviosa! Nervioso estaba yo, como un flan ante la leyenda.

Me siguen sorprendiendo las contradicciones de los intérpretes, la atracción de exponerse a una audiencia, con la mezcla de inseguridad y placer que conlleva.

¿Qué tiene de especial retratar a estos actores en los cinco minutos previos a subirse a las tablas?

El paso de persona a personaje.

Cuéntenos como suele trascurrir ese tiempo que usted, un joven artista, pasa con otro artista antes de que éste salga a trabajar. ¿Cómo se prepara? ¿Qué les pide? ¿En qué fija su atención? ¿Qué intenta aprehender de sus almas? ¿Qué reacción le ha sorprendido más?

Intento distender el ambiente, realmente lo que hago es charlar con el/la interprete mientras voy fotografiando. El proyecto es documental de modo que pido que actúen como si yo no estuviera. Claro, con el camarón disparando en un espacio tan pequeño no es fácil. De hecho no suelo conseguir nada interesante hasta que realmente se acerca la función y se olvidan de mi. Ese es el momento.

Blanca Portillo preparándose para 'La hija del aire'

De todas las fotografías realizadas, ¿cuál o cuáles le han propiciado la mejor foto con mensaje? ¿Cuál de ellas le lleva a una interpretación más trascendente?

Tengo dos favoritas. Blanca Portillo en “La Hija del Aire” y Fele Martínez en “Flor de Otoño”.
Blanca es una actriz espectacular, merece la pena verla en acción. En la función pasaba de la reina Semiramis a su hijo de modo que la imagen es muy masculina y muy teatral, me recuerda a un fotograma de “Los niños del paraíso”.

Fele, en cambio, tenía 5 minutos para pasar de ser un abogado de la burguesía catalana de los años 20 al transformista Flor de Otoño de un cabaret de Barcelona. El trajín era impresionante: pintar uñas, pestañas, maquillaje, cristales de Swarovski en los pezones… Necesité 1.500 fotos hasta conseguir la que me gustaba.

Ambos cambiando de sexo y con la media en la cabeza, teatro en estado puro.

 ¿Qué siente fotografiando? ¿Qué persigue?

Pues siento de todo, miedos, alegrías, frustración, felicidad… cuanto más me gusta el proyecto también hay más ansiedad, la implicación emocional es mayor y pongo más carne en el asador. Generalmente la felicidad viene después, cuando me doy cuenta de que he conseguido el resultado que buscaba. Y sino, un par de días fastidiado y a otra cosa.

¿Qué representa la luz para usted, en su vida? ¿Y la que captura?

Mucho, la verdad. De hecho suelo ver las fotos y las películas en términos de luz, suelo plantearme “cómo habrán iluminado esto o aquello” , y la película o sensor utilizados, luz continua o flash…vamos que al final no me entero de la peli!

Mi memoria y mi educación son muy visuales, de modo que la luz está absolutamente presente. En estos momentos estoy investigando con las velocidades de destello de flash muy rápidas, para congelar movimientos veloces.

¿Cómo inspiraría, qué consejos les daría a otros creadores aún más jóvenes que, como usted, pretenden ser escultores de la luz?

A mi me va bien cuando me respeto, cuando me escucho. A veces es difícil porque hay muchas interferencias: que si quieres complacer a tal o cual, que si quieres ganar x dinero, que si los plazos de entrega…

Poner amor en lo que se hace siempre funciona.¿Quién es Sergio Parra? ¿Qué espera de la vida?

Sigo descubriéndolo. FLUIR.