
Ignacio Bermeja
En la exposición de Generación 2009, hasta el 15 de marzo en La Casa Encendida de Obra Social Caja Madrid, podréis ver las rompedoras obras de arte contemporáneo de un grupo de jóvenes artistas que se expresan a través de arte plástico, fotografía, videocreación, escultura… entre las que destacan las distinguidas con el primer premio: el vídeo de Sergio Roger, Goodbye Horses, el dvd y la tela estampada de Patricia Gómez y María Jesús González, La Celda, y el adhesivo sobre chapa de Ion Arregui, que ha llamado Sin título por lo inclasificable del proceso creativo largo y heterogéneo. Pero no solo los primeros premios son dignos de mención. Este post queremos dedicarlo a la obra, seleccionada entre las 20 primeras, de Ignacio Bermeja.
Se trata de un libro mudo que Ignacio ha llamado “Retrato del artista adolescente”, y que ha surgido a partir de la lectura de la novela homónima, de James Joyce. Así explica el joven artista la creación de su obra:
La novela Retrato del artista adolescente es una larga metáfora, una obra de iniciación artística y amorosa que nos da la oportunidad de afrontar la niñez y la adolescencia encarando la dimensión metafórica de la realidad desde la vivencia propia. El hecho de que los compromisos con el arte y la libertad narrados en Retrato del artista adolescente sean los mismos que llevaron a James Joyce a escribir Ulises o Finnegan’s Wake —ejercicios de libertad absolutos más allá de sus valores literarios— convierte en realidades las hipótesis más o menos románticas del libro. Con este argumento es más fácil asumir como posibles las ilusiones de la infancia y la adolescencia, desconfiando de todos los contratos sociales firmados.
La noción de libertad como medio y no como fin que se trasluce de su lectura me impulsó a dejarme llevar por el texto, descubriendo y aceptando lo que quedaba en mí de aquel tiempo de iniciación que nadie me enseñó a mirar como tal. Las ideas de arte y libertad que manejaba me condujeron al lenguaje de los alquimistas y, reafirmando además lo que Joyce tuvo de tal, transformé Retrato del artista adolescente en un ‘libro mudo’. El proceso creativo adquiría a su vez un carácter metafórico cada vez más profundo a través del cual redescubrí, comprendí y traté de asimilar el componente real de las ilusiones del niño que fui.


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