Foto: Pablo Mielgo

Foto: Pablo Mielgo

Contesta con el mismo aplomo con el que blande la batuta. Su discurso es fluido y resulta convincente. No en vano es director de orquesta. A sus 35 años, Pablo Mielgo (Madrid, 1976) ha levantado el I Festival de Música de Madrid, ‘Madrid me suena’, un acontecimiento que acerca estos días la música a todos, sin excepción. Personas con discapacidad incluidas.

¿Es difícil llevar la batuta en otro lugar que no sea frente a una orquesta?

Dirigir cualquier equipo humano tiene los mismos problemas y virtudes que estar al frente de una orquesta. Quizás la orquesta es peor, porque todos piensan que tienen la misma jerarquía sin tenerla. De cualquier manera, quien dirige es siempre el malo.

La orquesta como organismo vivo…

Como cualquier colectivo formado por seres vivos… sí. Decía Debussy que la orquesta es la unión de los átomos con opinión. Hay que tener en cuenta la opinión de cada músico, pero tiene que haber una decisión última que todos tenemos que acatar. Y la toma el director. La toma sabiendo que el auténtico protagonista es el músico.

¿Cómo se atempera esas ganas de destacar por encima del resto?

Con el tiempo. Cuando eres joven, tocas y diriges. Te puede la ilusión, pero a veces puede ir acompañado por temor, envidia, ego… Cuando tienes más años, el ego se conserva, y las ganas, pero la ilusión se ha desgastado. Con el tiempo, la gente se vuelve incrédula y se agota su mensaje interno como músico. Este es el gran problema de cada cual con su profesión. En parte lo comprendo: agota pasar 25 años de tu vida sentado en una silla, tocando un instrumento, viendo cómo rota el mundo y tú quieto, en el mismo sitio.

¿Ese agotamiento se remonta?

Depende de la persona. Hay pequeños momentos de ilusión con los que se puede retomar el pulso. Hay momentos de gloria personal, pero el resto del tiempo la música se convierte en un oficio. Ten en cuenta que un músico se pasa 25 años tocando un instrumento y escuchando, una y otra vez, lo virtuoso que es, el talento de que está dotado. Después, pasas otros diez asimilando que tal vez no eres tan bueno, pero tienes que ganarte la vida. El resto de tu carrera tratas de convivir con una realidad distinta a lo que pensaste en un principio. Por lo general, la gente estudia y a los dieciocho años decide qué va a ser en la vida, cuando escoge una carrera. Los músicos a los 18 años ya han elegido qué van a ser.

¿Usted ha sentido ese desaliento?

No, soy un privilegiado. Los directores de orquesta tocamos en muchos lugares diferentes, conocemos a mucha gente que te aporta muchísimo. Además, allá donde vayas eres bien recibido, porque allá donde vayas el lenguaje que tú hablas, la música, es el mismo.

¿Hay mucha demanda de director de orquesta?

Menos de la que a mí me gustaría… lo que hay es que tener mucha disposición de movilidad, estás siempre de un lado para otro.

¿Cuál es el instrumento más díscolo?

El más difícil de llevar son los violines, que es el colectivo más grande. Ten en cuenta que hay muchísimas composiciones para violín, el repertorio solístico es enorme. Ellos pueden ser solistas y desplegar toda su maestría. En cambio, apenas hay obras para chelo o viola.

¿Qué línea tiene que traspasar un director de orquesta para convertirse en genio, tiene más que ver con la empatía o con el talento?

Es complicado… no creo que haya un solo director de orquesta que sea un genio. La única genialidad está en quienes han compuesto, en quienes componen y crean algo de la nada. Nosotros recreamos, no creamos. Otra cosa es que la audiencia, sobre todo del XX, necesite depositar su mitomanía en alguien. ¿Cómo traspasar esa línea? ¿Por qué sacas a bailar a una chica y de pronto te enamoras? No se sabe…

¿Desde cuándo quiso dirigir una orquesta? Los niños suelen aspirar a convertirse en médicos, abogados, músicos…

Cuestión de evolución y de la suerte que tienes en la vida. Dice mi madre que con tres años ya tocaba el piano. Yo no me acuerdo, pero sí es cierto que me encantaba el piano. Gustarte algo supone encontrar una rutina que no te importe. Cuando la descubres con 15 años es maravilloso. Y de ahí decides, dentro de la música, qué función se amolda mejor a tu carácter, a tus expectativas.

Me gusta la dirección porque requiere una capacidad de carisma o liderazgo que creo que tengo, y me interesa muchísimo la transmisión musical. Es cuestión de estar alerta para cuando te llega tu momento captarlo.

La partitura más complicada que ha dirigido ha sido…

Muchas, muchas se resisten, aunque luego el resultado sea bueno. A mi edad, casi todas se te resisten. El mío es un oficio que se disfruta de viejo aunque haya que comenzar de joven.

¿Qué cualidades ha de tener un buen director de orquesta?

Tener la capacidad de trasmitir la sensación de que todo es verdad.

Como un poeta…

Como un poeta, sí, pero no tanto por la belleza sino porque lo que diriges delante de un grupo tiene que resultar convincente, aunque ni tú mismo te lo creas. Una orquesta es la guardería más cara del mundo, decía el maestro. Cada música tiene la inseguridad de un niño y es responsabilidad del director eliminar esa inseguridad.

A propósito del festival, ¿a qué suena Madrid?

Me suena lejano porque vivo fuera, pero me suena a ciudad abierta, a ciudad en la que a cualquier hora ofrece algo.

Uno de los talleres del festival está dirigido a niños con movilidad reducida…

Sí, la Fundación SaludArte, de la que soy director musical, tiene una parte estrictamente artística y otra que se dedica a la inclusión social en todos los ámbitos, con las artes como herramientas. En cualquier evento que hemos organizado siempre he considerado una riqueza enorme unir ámbitos ajenos al concepto tradicional de la música, como el caso de la discapacidad. Los resultados son asombrosos.

¿Qué es lo que más le motiva de este festival?

No que la música se acerque a la gente, sino que la gente no tenga excusa para no acercarse a la música. Las barreras que separan al público masivo de la música clásica son la accesibilidad y el precio. Este festival es accesible y baratísimo, ya que las entradas más caras cuestan tres euros.

Pero los precios del Auditorio no son tan caros. Hay entradas por siete euros, menos de lo que cuesta una copa en muchos locales…

Es cierto. Pero existe un problema de educación, porque no se utilizan los canales masivos adecuados para que cualquier mensaje llegue y cale. ¿Por qué la Compañía de Teatro Clásico hace un Lope de Vega y la gente acude en masa y, en cambio, si la Orquesta Nacional interpreta a Falla no? Porque no se sabe publicitar adecuadamente.

La falta de sintonía entre el público y los compositores modernos, ¿a qué se debe?

Creo que la música clásica contemporánea, su discurso, está muy alejado del sentimiento, de lo que es el corazón de la audiencia. La música tiene un sólo sentido: conmover.

¿A usted qué le conmueve de ‘Madrid me suena’?

Haberlo construido, que una gran empresa como Telefónica haya apostado por la iniciativa y por mí, y que una Fundación como SaludArte se haya involucrado.

Una de sus preocupaciones artísticas es tender puentes entre España y Latinoamérica. ¿Por qué?

Porque hay pocas zonas en el mundo en las que se concentre tanto ritmo, talento, ilusión y mestizaje como América Latina. Tiene una concepción rítmica que ya quisiéramos los europeos. Sólo les falta bases educativas estables.

A la música clásica, ¿le da pavor el mestizaje?

Al contrario, está deseándolo. Es más la sensación que se tiene desde fuera. La música clásica en un mundo muy avanzado, en el que el movimiento homosexual lleva años normalizado, es políticamente progresista, ha incubado movimientos sociales como el ‘hippie’… Además, la música clásica está llena de gente involucrada en causas sociales de distintos órdenes…

¿Cuáles son los errores más comunes en un director de orquesta, esas trampas difíciles de sortear?

Creer que se sabe todo, no tener en cuenta a los músicos, que saben más de su instrumento que tú y llevan más tiempo interpretando esa partitura más tiempo que tú, creerse por encima de la orquesta o de la propia composición…

Si husmeara en su biblioteca particular y dejando a un lado los discos de clásica, ¿qué encontraría?

Mucha variedad, orquestas latinas, que me encantan, cantautores como Serrat o Sabina, Rubén Blades

Pablo Mielgo es director de la Joven Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid (Jorcam) y director musical de la Fundación SaludArte.