Rod, personaje que encarna el ejemplo vital de Jeff MarxEl musical ‘Avenue Q’ arrasa con su humor en la cartelera. Este espectáculo poblado de marionetas no es apto para niños, pero cuenta la desventura y el crecimiento personal de personajes entrañables.

Uno de ellos, es la viva radiografía de uno de los creadores del libreto por el que ha logrado, nada más y nada menos, que un premio Tony (como los Oscars, pero en teatro). Su nombre es Jeff Marx y ha venido a nuestro país para contarnos en persona su historia, una que pasa por ser diferente y por la aceptación de esta diferencia. Él confiesa que lucha todos los días por ser cada día más él mismo.

Aparte de una gran satisfacción, como joven creador, ¿qué le ha aportado personalmente y qué puertas se le han abierto la consecución del Premio Tony al mejor libreto del musical ‘Avenue Q’?


Cuando lo escribimos teníamos veintitantos años, acabábamos de salir de la universidad y no teníamos dinero. Entonces nos dimos cuenta de que el mundo real era mucho más difícil de lo que pensábamos. Por eso, basamos el espectáculo sobre lo malas que eran nuestras vidas después de licenciarnos. Justamente, gracias al montaje, nuestras vidas han dejado de ser una porquería, ahora vivimos bastante bien.

¿Cómo comenzó en el mundo de los musicales?

Las probabilidades de éxito cuando escribes un musical son mínimas. Lo escribimos porque nos gustó la idea y nos sorprendimos mucho cuando cuajó. Cada vez le iba gustando a más gente y el proyecto crecía. La historia la escribí con Robert López.

¿Qué le inspiró el libreto de ‘Avenue Q’ y cómo va cobrando forma un proyecto como éste desde el nacimiento de la idea hasta que se concluye?

Conocí a Robert en una clase para escribir musicales. Teníamos la idea para escribir un musical, pero comenzamos a preguntarnos qué clase de musical les gustaría ver a nuestros amigos. Otros compañeros estaban escribiendo musicales basados en películas, pero nosotros teníamos muy claro que eso no era lo que queríamos ver. Queríamos un musical con teleñecos y comenzamos a escribir una, dos, tres canciones… hasta que vino un productor y dijo que quería producirlo.

¿Qué es lo más difícil con lo que se encuentra un joven creador como usted cuando se concreta un humor exacerbado en unas marionetas que tratan temas serios como el racismo, el paro, la homosexualidad o la pornografía? ¿Es esta una de las mejores formas de enseñar?

El humor es la mejor manera de comunicar porque desarma al público. La parte más difícil es hacerlo sobre un tema doloroso. Algunas veces, en nuestra modesta opinión, conseguíamos hacer un guiño humorístico y luego resultaba que a las personas que veían el espectáculo no se lo parecía. En estos temas a los que eludes, lo difícil es saber si estás en el borde o te has pasado del límite. Pero la audiencia se ríe o no y observándoles te das cuenta si estás consiguiendo tu objetivo.

Sí, es interesante enseñar a través del humor. La gente, cuando viene a ver ‘Avenue Q’, sabe que se va a encontrar marionetas y algo divertido, pero nadie quiere que le den lecciones o le prediquen. Por eso, las lecciones están enmascaradas bajo el humor.

¿Cree que soñando con una vida mejor podemos realizar antes nuestros deseos?

Dos chicos de veintitantos años escribiendo un musical que, de repente, se encuentra representándose en países que ni siquiera conocen es un sueño hecho realidad y completamente inesperado. Estábamos intentando crear un nuevo mundo de sensaciones al tocar el tema de la homosexualidad, de la pornografía, el racismo… Si hubiéramos buscado un éxito mundial, nunca hubiéramos hablado de estos tópicos. Nunca habríamos esperado que nuestro sueño fuera a convertirse en un éxito mundial durante ocho años seguidos, pero aquí estamos.

¿En qué medida está relacionada esta afirmación con el ‘Sólo por hoy’ que abrocha el espectáculo?

‘Sólo por hoy’ es una canción del musical. De hecho es el envoltorio, la conclusión, el modo en que vemos el mundo, unas enseñanzas que podrían servir para ver el mundo de mejor manera. Nos ha resultado imposible no poner nuestra filosofía de vida en ‘Avenue Q’, nuestro modo de ver la vida a través de los personajes a pesar de que fuera una comedia. El montaje, en el fondo, es la vida de los personajes, que somos nosotros, quienes lo escribimos. ‘Sólo por hoy’ se refiere a que uno tiene que aceptarse cómo es, sólo en este momento, que la vida puede ser mala hoy, pero que hay que esperar porque siempre cambia. Justo esto ha sido verdad para nosotros, en nuestras vidas reales.

¿Qué resulta imprescindible para ser un buen artista en la composición de la música y la letra de un musical? ¿Qué aspectos aconsejaría cultivar a un joven artista que quiera seguir sus pasos y escribir un libreto de tanto éxito como ‘Avenue Q’?

Dos cosas. Una escribir lo que realmente se quiera y otra intentar empatizar con el público, de modo que el mensaje resuene en él, que le guste. Hay que escribir lo que a uno le guste, pero encontrando la retroalimentación del espectador. Esto entraña una dificultad, pero vale la pena.

¿Es perentorio valorarse para poder integrarse?

Es muy importante encajar, pero ser uno mismo más aún y esta es la gran lucha de la vida. Eso es lo que le ocurre al personaje Rod, que es gay, que es justo mi historia personal. Cualquier persona gay en el mundo quiere ser como los demás, hasta el día que se da cuenta de que no lo es y consigue aceptarse.
Cuando escribimos el musical no estábamos muy orgullosos de quienes éramos. Éramos muy jóvenes, teníamos deudas porque habíamos salido de la universidad y teníamos que pedir dinero a nuestros padres, lo cual era muy humillante, entre otras cosas. En realidad, pensábamos que nuestra vida era horrible. Pero conseguimos integrarnos.

Según se canta en el musical, ¿cree que si empezamos a admitir que somos todos un poco racistas el mundo mejorará? ¿Por qué?

Si no empezamos a admitir que tenemos unos ligeros prejuicios, no podemos ser nosotros mismos. El primer paso a la multiculturaridad es no pretender que todo sea igual sino aceptar las diferencias. Nuestros padres nos han trasmitido su racismo, sus prejuicios y eso nos ha vuelto parciales con respecto a nuestras opiniones. El secreto para que haya paz entre todos es aceptar que hay diferencias y que cada uno ve las cosas a su manera. Lo mejor es convivir en armonía con las diferencias.

El humor irresistible del montaje se mezcla necesariamente con mensajes trascendentes que conciencian al público. ¿Cuál de ellos es el que usted rescataría para definir ‘Avenue Q’?

Lo esencial del montaje es que le hace a uno reflexionar sobre quién es y para qué está aquí, cuál es su propósito de la vida.

Grupo de marionetas de Avenue Q y los actores que las manipulan

Nicky y Rod, haciendo un magistral giño a los inolvidables Epi y Blas, son sus personajes favoritos. ¿Qué esencia les compone para encarnar el conocimiento profundo acerca de cómo tratar a los demás y a uno mismo?

En realidad, ellos son el ejemplo para explicar que lo único que vale es aceptarse honestamente a uno mismo. No vale ser a través de las mentiras.

¿Podría explicarnos la frase que se oye en el montaje de que “la gente pobre o la que está ‘jodida’ dan un servicio a la sociedad”?

Sí, uno de los personajes lo dice. Y es verdad, cuando vemos una persona que está peor que nosotros, aunque nos afecte, nos hace sentirnos mejor o darnos cuenta de que podíamos estar peor, con lo cual, de alguna manera, creemos que somos afortunados, al menos más que ellos. En realidad, estas personas, sin saberlo, hacen un servicio a la sociedad.

La canción inevitable para usted del musical es, sin duda, ‘I wish I could go back to college’ (‘Me gustaría poder volver a la universidad’). Personalmente, ¿cómo se consigue disfrutar del momento, estés donde estés y seas cómo seas?

Precisamente, esa es la pregunta que todo el mundo se hace. De hecho, todo el mundo se enfrenta a esa cuestión cada día. ¿Sabe alguien la respuesta? Si es así que me escriban, por favor.

¿Se atreverá en un futuro con una segunda parte de ‘Avenue Q’? ¿O tiene alguna otra idea sorprendente en mente de la que nos pueda adelantar algo?

Me encantaría embarcarme en una segunda parte del espectáculo porque los personajes todavía tienen más cosas que decir. Pero ya se verá. En realidad, este montaje cuenta lo que ocurre después de la universidad, pero me gustaría, en una posible continuación, hablar del otros acontecimientos de la vida como el matrimonio, los hijos y otros muchos temas, esta vez, en el entorno de los treintaitantos. Querría contar mis próximos pasos, pero aún no los sé (ríe).