Alberto Paredes, a pesar de no reconocerlo, es un artista excepcional. Sólo hay que pasearse por su web (www.albertoparedes.com y @AlbParedesPhoto) y cerciorarse de que sus instantáneas no son únicamente fotoperiodismo, sino que están impregnadas de su sensibilidad, de su alma y que, como con el arte, el espíritu de uno disfruta con su contemplación. Se define como “un enfermo de la fotografía” porque nunca se sacia de nutrirse del trabajo de “los buenos”. Su sueño, fotografiar lo que quiera, como quiera y cuando quiera.

¿Cuándo sientes que la fotografía se convierte en una disciplina mediante la que puedes desarrollarte como artista? ¿Qué ocurrió para que te dieras cuenta de ello?

Diría que cuando empecé a ver fotos de grandes fotógrafos y comprendí que la fotografía no es algo meramente descriptivo sino que hay gente que se expresa a través de sus imágenes, que tiene un lenguaje, una forma de ver y de comunicar propia. En realidad, a mí lo que me gusta es la fotografía de calle, el fotoperiodismo. Más que artista, el fotógrafo es un profesional creativo.

¿En qué momento te das cuenta de que has llegado a un nivel que aparte de profesional se convierte en artístico? ¿En qué punto de tu vida te das cuenta de que puedes crear arte a través de la fotografía, no sólo información periodística?

Cuando fotografías para ti mismo y solo enseñas lo que te representa. El fotógrafo que le gusta su trabajo, ve mucha foto y se empapa y estudia tan a fondo los libros de fotografía, que llega un momento en que tiene muchas influencias en su cabeza y comienza a tirar hacia una línea concreta. Es cuando te das cuenta de que además de explicar lo que tienes delante te estás explicando a ti mismo. Justo ahí es cuando eres consciente de lo que quieres realmente es comunicar.

Uno entra en tu página y se da cuenta del poder que ejerces a través de tus instantáneas. ¿Qué consideras imprescindible en un joven artista que se dedica a la fotografía para poder expresar con originalidad lo que ve a través de la cámara?

Lo mismo, fotografiar para uno mismo y sólo enseñar lo que realmente te representa a ti como creador. En mi caso, hago mucho trabajo comercial con el que no me siento identificado. Pero es cuando estoy fotografiando para mí mismo cuando realmente soy yo, independientemente de que lo vaya a vender o de que le vaya a sacar dinero. Nadie fotografía para hacerse rico.

En tu trabajo “#spanishrevolution” hay una foto que me llama la atención por su contenido simbólico (me refiero a esa que hay un chaval que aparece colgado de una especie de cornisa y que recuerda a Jesucristo justo delante de un cartel que dice: “Stop new world order”). ¿Nos explicas qué quisiste captar en este instante y si viste una posibilidad antes de disparar la foto o te la encontraste después de hacerla?

En estas situaciones que estás en medio de una plaza donde hay una manifestación y pasan muchas cosas y hay muchos gestos, no disparo mucho. Busco situaciones. No se puede ir fotografiando sin ton ni son, porque no tiene sentido.

Justo en esa foto había alguien subido que empezaba a bajar. No sabía lo que él iba a hacer, pero me preparé para esa situación porque intuí que iba a dar de sí. Es entonces cuando insisto, hago muchas fotos y luego editando, seleccionando, extraigo la situación con una imagen concreta de la serie que he hecho en ese momento. Que esa persona se colocara de esa postura y pareciera Cristo… en el momento de disparar tú no lo sabes, pero te preparas por si acaso y la captas. Sin embargo, hay muchas situaciones en las que intento sacar algo y luego no me sirve el material recopilado.
De esa foto en particular, me gustó el gesto del chico rodeado de información, de mensajes, de carteles, pero en ese momento yo no pensaba que parecería Jesucristo. Muchas fotos se interpretan después.

Justo en ese caso, ¿qué magia envuelve al momento de descubrir algo que te había pasado desapercibido en el momento de captar algo con intención?

Te da un ‘subidón’. Muchas veces, cuando haces muchas fotos crees que has sacado una buena, pero cuando la estás editando en el ordenador ya no te lo parece. Sin embargo, cuando ocurre lo contrario, que encuentras una gran foto cuando no lo esperabas… vuelve a darte el ‘subidón’, como si estuvieras otra vez allí y volvieras a ver esa situación. Todo es intuición y editar es muy importante en fotografía para separar el grano de la paja. Lo mejor es ser objetivo y no meter demasiadas fotos porque aburres y cansas a la gente.

Has caminado 2.500 kilómetros por varias rutas del Camino de Santiago. ¿Por qué se ha convertido en un tema importante para ti documentar la vida rural en España? ¿Qué enseñanza o enseñanzas te han procurado todos esos pasos a nivel profesional y artístico?

Empezó como una especie de reto, ya que en el fotoperiodismo están en medio de situaciones que pasan muchas cosas. Pero fotografiar la vida rural es rescatar algo donde nunca pasa nada y eso es muy difícil. Por eso vas con una mentalidad diferente, muy relajado, con mucha tranquilidad y hablas mucho con la gente. Me gusta mucho fotografiar el mundo rural español porque sacas lo que tú entiendes y haces un retrato a alguien con conocimiento de causa, después de haber hablado mucho con él. El reto está en llegar una mañana a las ocho de la mañana y preguntarte ¿qué hago yo aquí? ¿cómo voy a sacar una foto sugerente si no está pasando nada a mi alrededor? Es cuestión de tener mucha paciencia, de andar mucho, de hablar mucho.
A nivel personal, el Camino de Santiago me cambió mucho en el sentido de hacer algo a largo plazo y desarrollar una historia personal que no es ni de una semana ni un mes, sino hasta que uno considere que ya no da más de sí. Y es que tenía la necesidad de seguir expresando lo que yo sentía y surgió la necesidad de llevar un tema a largo plazo. Quiero fotografiar para mí y hacer historias a largo plazo para crear algo bueno.

En las tres series que dedicas en tu página al Camino presentas tu fotografías de dos en dos y, de alguna forma, el espectador infiere que están conectadas, pero, en algunas se escapa el mensaje subjetivo del autor. ¿Nos cuentas el hilo conductor de esas asociaciones?

Hay fotos con una relación estética o de forma muy evidente. En otras fotos es más conceptual, de sensaciones, de contenido y transmiten tranquilidad, una sensación de paz o de movimiento. Pero eso ya es muy subjetivo. Es, al fin y al cabo, como un poema. Si lees un poema muy metafísico puede que te cueste entenderlo.
Una fotógrafa americana, Diane Arbus, que hacía mucho retrato directo, muy potente, decía que la fotografía es un secreto sobre un secreto, cuanto más te dice, menos sabes. Es decir, mejor no ser demasiado evidente y dejar un significado abierto que de pie a una interpretación libre para que cada uno haga con ella lo que quiera.

No sé si tu trabajo ‘sol 2001-2011’ es posterior al movimiento 15-M y si has rescatado imágenes del pasado recavadas en la Puerta del Sol con alguna intención o bien si las fotos ya estaban recogidas con anterioridad y el trabajo se convierte, entonces, en algo premonitorio. Tú dirás. Por cierto, después de fotografiar tantos acontecimientos en el seno de esta emblemática plaza madrileña, ¿qué significa para ti hoy la Puerta del Sol?

Llevo trabajando en esta historia diez años. Mientras trabajaba en una agencia de prensa, la agencia Cover (que desapareció) estuve cubriendo actualidad, manifestaciones… La primera fue sobre el pueblo palestino y me di cuenta de que el reloj de la Puerta del Sol, además de marcar el tiempo cronológico, era testigo de su tiempo. ¡Lo que ha visto pasar por ahí en diez años! Lo que intentaba siempre era buscar un encuadre diferente, pero en el que siempre apareciera el reloj. Así que antes del 15-M ya estaba todo hecho, pero sobre la acampada permanente, estuve un mes trabajando sobre ella.

‘Lavapies’, ‘Honduras’, ‘Alcarria’, ‘mundialet’, ‘dirty princess’ y todos los demás, ¿son trabajos que te solicitan o que propones tú como freelance? ¿Qué sacas de positivo y de negativo de cada una de estas dos formas de trabajar?

Algunos son por encargo y otros son personales, pero el 80% son personales. Al trabajar por encargo tienes que pensar en el cliente que te está llamando, en el estilo que ellos quieren, sin embargo, si el tema lo eliges tú, te da igual venderlo o no, publicarlo o no, porque lo haces para sentirte fotógrafo. Como creador me aporta más un tema personal, sin ninguna presión, y tener mis propios temas.

¿Qué proyecto te ronda en la cabeza siempre? Con tiempo, salud y dinero, ¿dónde irías y qué fotografiarías sólo por placer?

Me gustaría seguir fotografiando la España rural porque, realmente, uno no se hace fotógrafo para viajar a un lugar exótico. Cuando viajo es porque me lo encarga una revista y, en estos casos, rescatas superficialidad, fotos más comerciales o turísticas de una sociedad extraña que no entiendes.

¿Dónde te gustaría llegar como artista de la fotografía?

Me gustaría fotografiar lo que a mí me gustara cuando yo quisiera y no tener que hacer fotografía comercial, pero es muy difícil.

Tu mejor fotografía. ¿Nos la explicas?

Me coges desprevenido, pero quizás un retrato que hay en la Alcarria, un retrato de una señora muy mayor, quizá de más de cien años, que estaba en un pueblo de la Alcarria, en Pastrana. Estaba en el huerto y la vi. La gente mayor tiene una cara muy interesante. Nunca sabes cómo van a reaccionar y aquella mujer se puso la mano delante de la boca, no sé si por vergüenza o como un gesto pensativo, eso sí, muy plástico y me di cuenta que ésa era una gran foto.