
Foto: web Premios Goya
¿Cuántos de los jóvenes que me estáis leyendo se ha ido de Erasmus? Sí, esas becas universitarias maravillosas que te abrazaban con países y personas desconocidas que terminaban siendo tu verdadera familia. ¿Cuántos de los que hemos tenido la oportunidad de ir a un país extranjero con esta Erasmus hemos intentado recrear nuestra experiencia para lograr inmortalizar nuestra aventura?
Bueno, pues aunque algunos no lo hayamos conseguido, el jovencísimo director de cine David Pinillos lo ha hecho y hoy está luchando porque su última obra ‘Bon appétit’ obtenga un Goya, nada menos que al mejor director novel.
Pero no, ésta no es su primera vez. Pinillos repite candidatura a los Goya, ya que el año pasado recibió su primera nominación a los galardones cinematográficos españoles por su trabajo como montador en ‘Gordos’, de Daniel Sánchez Arévalo.
En fin, que el joven artista es un ‘crack’ y a muchos de nosotros nos gustaría verle subido en el escenario recogiendo la estatuilla y mostrando al mundo la relevancia de marcharte de casa a miles de kilómetros e, incomprensiblemente, conectar con las personas de diferentes nacionalidades que te encuentras allí mucho mejor que con las que has crecido en tu país natal, como él nos cuenta en su obra.
Sí, increíble, pero cierto. Doy fe de que esto ocurre en las Erasmus, aunque luego, con el pasar de los años (como es mi caso) esas amistades terminen diluyéndose no sé cómo ni porqué. Sin embargo, el recuerdo, la intensidad de la experiencia vivida se mantiene en el corazón intacta y de ahí que, si se me permite, mande un guiño muy especial a Natalia Barragán (mi gran hermana en Italia, donde cursé mi último años de licenciatura en Periodismo), Danilo Conflitti (el italiano que me robó el corazón y me lo partió infinitas veces), Kai el alemán (sensible como nadie) y tanta gente cuyo rostro mantengo grabado en la retina y que cuando vuelven a mi mente, como fantasmas, consiguen empañar mis ojos.
Pero, todo esto (que tiene ilación, no creáis, hilvano como puedo, aunque me pueda la emoción rememorando), viene al pelo porque nuestro querido joven creador, David Pinillos, a un paso de su Goya, ha conseguido recrear ésta, perdón por la reiteración, inigualable experiencia de la Erasmus con elegancia, acierto, sin pantomimas, pero centrándose, según podréis comprobar en las declaraciones del vídeo que adjunto, en los sentimientos que emanan de estas relaciones espontáneas que surgen por casualidad (o quizás causalidad) y que se hacen más fuertes que ninguna.
‘Bon appétit’ es una película, como asegura el joven creador, paneuropea, que nació desde esta perspectiva y en la que se ha contado con actrices, técnicos de sonidos y demás profesionales del cine de toda Europa. Por lo visto, el germen del film fue uno y, sin embargo, durante el rodaje, la obra siguió creciendo y creciendo como “exponencialmente”. En este sentido, el director de cine dice haberse encontrado con una grata sorpresa: conseguir llegar a lo esencial lo que quería plasmar prolongadamente por diversos motivos que se produjeron durante la creación de la cinta. Vamos, que aprendió, de algún modo, a ceñirse a la esencia.
Y eso, en mi opinión, es ser un gran artista. Tener una idea genial y, sin embargo, ser capaz de sintetizarla y dejarla cincelarse por sí misma, aunque se pierdan detalles por el camino. Entregarse a la inspiración y lograr, seguro que con esfuerzo, dejar en el tintero ideas preconcebidas que parecían inamovibles y con significado propio para el desarrollo de la historia y ceñirse a lo sustancial, tan dificil de conseguir las mentes tendentes a los los desarrollos largos, tal y como me ocurre a mí, como podéis ver. Es todo un logro de David y desde aquí me aplauso para el joven artista.
En fin… deseamos toda la suerte del mundo a Pinillos para que se haga por mérito propio con el Goya por la dirección novel. Podéis ir abriendo boca y conocerle con la entrevista que os dejo a continuación. ¡Bon appétit!


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Me ha entrado unas terribles ganas de verla.
La aventura, lejos de casa y sola, siempre nos llama la atención.
Dice mi madre que son cosas de la edad, aunque yo creo que lo interesante es darle gas a ese espíritu para que sea inmortal.